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sábado, 21 de marzo de 2009

La pizza secreta

En casa cocina mamá, salvo los domingos que es cuando se emprende el ritual del asado, pero de eso voy a hablar en otro momento.

Les decía que mamá es la encargada de la gastronomía casera, una vez no sé qué fue lo que pasó, creo que el menú se repitió por varios días seguidos, o algo así:

Vale: Ma, que vamos a comer hoy?
Mamá de Vale: Pizza
Pensamiento de Vale: Uf otra vez pizza, no quiero pizza, quiero algo más elaborado, no tengo ganas de comer pizza...

Así fue como se me ocurrió la genial idea de decirle a mi madre que la pizza no me gustaba. Sí señores, de un día para el otro dejó de gustarme la pizza. Por muchos años no probé un bocado de pizza ni en mi casa ni en ningún otro lugar, porque la pizza había dejado de gustarme.

De pronto, haciendo un trabajo para la facultad, volví a comer pizza, es que lo mas facil era llamar al delivery y pedir la promo de muzza y una coca de litro y medio a $10.

Así fue como volví a comer pizza, pero ojo, que mamá no sabe nada...

Todo esto viene a que anoche fui a comer con unos amigos a una clásica pizzería de Rosario que hace poco vovlvió a abrir en calle Pellegrini.
Una porción de ese manjar supera la cantidad de calorías recomendadas por cualquier nutricionista serio.
Tenía queso, verdeo, panceta y el jamón crudo de la otra media pizza que su comensal rechazó por ser vegetariana. Es decir, que inventamos un gusto de pizza en una de las pizzerías más tradicionales de la ciudad!

Despues de cada bocado me dolía la panza, pero no podía dejar de saborearla "en la panceta vive dios" dijo mi amigo.
Esa pizza es para guapos (y guapas), es un proceso lento, hay que ser metódico, yo acepté el desafío y salí airosa.

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